del fuego al futuro

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LED

1907 bc.

Luxdey2-1Hoy en día la tecnología LED ocupa ya un lugar importante en el mundo de la iluminación, ha sido una entrada explosiva y sin par, desplazando a su paso a otras tecnologías: volviéndolas obsoletas al reducir el área de su aplicación. Hoy creemos que 20W son demasiado para una lámpara cuando antes 40W eran muy poco para un foco incandescente.

Hace muchos, muchos años, en una galaxia muy lejana, bueno, en realidad fue en este planeta y en 1907, que Henry Joseph Round (experto en radiocomunicación) realizó un experimento con cristales de germanio que lo llevó a descubrir del efecto físico de la electroluminiscencia y crear el primer diodo semiconductor, sin embargo, era un experimento muy costoso y no parecía tener mucho futuro, así que quedó en el olvido.

En una época más cercana, 1962 para ser exacto, Nick Holonyak, mientras colaboraba como científico asesor en un laboratorio de General Electric (Nueva York), inventó el primer LED rojo basado en semiconductores, aunque no se sabía que el diodo emitía fotones en el espectro infrarrojo, es decir, invisible al ojo humano. Este primer LED rojo inició la revolución de la señalización, pero en ese momento no era rival ni siquiera para el foco incandescente. Cabe mencionar que antes de Holonyak, se considera a Oleg Vladimírovich Lósev (1903-1942) como el primero en desarrollar el LED (1927).

Nueve años después, Jacques Panqueo desarrolló tecnología LED de color azul de baja potencia, pero fue hasta 1993 que Shuji Nakamura de Nichia desarrolló el primer LED totalmente azul y perfeccionado, que marcó el inició de la iluminación LED y el principio del fin de la iluminación tradicional.

las lámparas halógenas

1878 bc

La iluminación halógena nace en 1878 con la creación de la lámpara incandescente, fuente de luz artificial más masivamente usada, desde 1939 ha estado compitiendo con los ya popularmente conocidos tubos de lámparas fluorescentes, menos eficientes, pero más económicos.

Desde los años 50’, la necesidad de dotar aviones de una fuente de luz intensa para la navegación nocturna que se pudiera ubicar en las puntas de las alas, llevó a los ingenieros norteamericanos a desarrollar una lámpara de tipo incandescente pero conceptual, diferente a las que se conocían. Es así como se da origen a la iluminación halógena, al principio se la conocía con el nombre de “iluminación por lámpara de tungsteno” o “por lámpara de cuarzo”; era una bombilla más pequeña y eficiente compara con sus antecesoras comunes de igual potencia; su ventaja añadida radicaba en poder brindar una iluminación mucho más brillante con una mayor vida útil.

Lámparas eléctricas Edison dijo: ‘Hágase la luz’

1870 bc.

La gloria de Thomas Edison se prendió cuando en octubre de 1870, en Nueva York, encendió la primera lámpara con filamento de carbono. Esta se mantuvo por dos días en funcionamiento continuo. Continúo sus investigaciones con materiales alternos para la construcción de un filamento más duradero. Su primer sistema de iluminación incandescente la exhibió en su laboratorio en 21 de diciembre de 1879.

Finalmente, Thomas A. Edison produjo una lámpara incandescente con un filamento carbonizado que se podía comercializar. Aunque esta lámpara producía luz constante durante un periodo de dos días, continuo sus investigaciones con materiales alternos para la construcción de un filamento mas duradero. Su primer sistema de iluminación incandescente la exhibió en su laboratorio en 21 de diciembre de 1879.

Edison hizo su primera instalación comercial para el barco Columbia. Esta instalación con 115 lamparas fue operada sin problemas durante 15 años. En 1881, su primer proyecto comercial fue la iluminación de una fabrica de Nueva York. Este proyecto fue un gran éxito comercial y estableció a sus lamparas como viables. Durante los siguientes dos años se colocaron mas de 150 instalaciones de alumbrado eléctrico y en 1882 se construyo la primera estación para generar electricidad en Nueva York. En ese mismo año, Inglaterra monto la primera exhibición de alumbrado eléctrico.

La Edad Media

1804 bc

En la Edad Media, aparecieron otros tipos de iluminación, como las linternas con pabilos internos. Los amplios recintos se iluminaron con hacheros y candelabros de hierro forjado, artesanalmente ornamentados. Las velas se mejoraron para que produjeran menos humo.

El inventor alemán Freidrich Winzer patentó la iluminación a gas de hulla en 1804, y una termo lámpara usando gas destilado de madera se patentó en 1799, A comienzos del siglo XIX la mayoría de las ciudades europeas y norteamericanas iluminaron sus calles con estas lámparas.

A partir del descubrimiento de Davy, el francés León Foucault desarrolló en 1840 una lámpara de arco, que por descarga eléctrica entre dos electrodos de carbón producía luz. Este método se utilizó para el alumbrado exterior en las calles. Por la misma época, se avanzó en la invención y el uso de redecillas o camisas de un tejido especial sobre la base de amianto para lograr luz blanca incandescente en las lámparas de gas.

Lámparas de aceite.

1000 A.C.

En 1000 A.C. la eficiencia de las luminarias se debía a sus mechas vegetales que quemaban aceites de olivo o nuez. Para el quinto siglo antes de nuestra era, estas lámparas ya eran de uso común doméstico. Los romanos desarrollaron lámparas de terracota con o sin esmaltar y con una o más salidas para mechas. Con la introducción del bronce y posteriormente del hierro,

Hubo múltiples esfuerzos para mejorar la eficiencia de estas lámparas. En el último siglo antes de nuestra era, Hero de Alejandría invento una lámpara en la que por una columna de presión, el aceite que alimentaba la mecha iba subiendo. Leonardo Da Vinci, modifico este diseño y añadió un lente de cristal. La luz que provenía de esta nueva lámpara se lograba por una mecha que se quemaba en forma constante, y gracias al lente de cristal la superficie de trabajo recibía niveles de iluminación que permitían la lectura nocturna.

El físico suizo Aimé Argand patento una lámpara con un quemador circular, una mecha tubular y una columna de aire con la que dirigiría y regulaba el suministro de aire a la flama. Argand descubrió que la columna circular de aire reducía el "parpadeo" de la llama. En 1880, Bertrand G. Carcel añadió a este diseñó una bomba con mecanismo de reloj para alimentar el aceite a la mecha. La lámpara Argand se convirtió en el standard de fotometría debido a la constancia de su luz. Posteriormente, Benjamín Franklin descubrió que dos mechas juntas daban más luz que dos lámparas de una sola mecha.

El descubrimiento del petróleo en 1859 por Edwin L. Drake produjo una nueva fuente de gran eficiencia luminosa. Durante los próximos 20 años, el 80% de las patentes anuales se destinaron a este tipo de luminarias. Durante el resto del siglo XIX y principios del siglo XX, estas lámparas registraron numerosas mejorías, haciéndolas de uso común en los ambientes domésticos, industriales y de alumbrado público.

La iluminación en el antiguo Egipto

1817 ac

Otra posibilidad planteada por algunos egiptólogos es el uso de espejos como medio refractante para obtener luz solar en el interior de las tumbas. La colocación en lugares estratégicos del sepulcro de espejos fabricados con plata muy pulida, podría realizar una conexión solar desde el exterior de la tumba hasta las cámaras interiores. La luz iría reflejándose en sucesivos espejos hasta llegar al punto deseado.
Los inconvenientes que plantea esta teoría son demasiado complicados como para tenerla en cuenta. El hecho de que el sol no permanezca quieto toda una jornada de trabajo, obligaría a girar constantemente los espejos siguiendo el foco inicial de luz y añadiendo nuevos espejos según se desplazara por la pared trabajada: mortificante tarea para cualquier obrero. Este método resultaría factible para las salas más inmediatas a la entrada de la tumba. Hoy día pagando unas monedas al portero de cualquiera de ellas, te pueden mostrar las pinturas de las primeras salas con este método, en un auténtico espectáculo de luz. Sin embargo, cuando te introduces un poco en el interior de la tumba es imposible ver algo. No olvidemos la pérdida de intensidad lumínica que existe cada vez que reflejamos un haz de luz sobre un espejo. En una distancia relativamente corta, la cantidad de luz reflejada desciende paulatinamente hasta convertirse en un halo prácticamente invisible e inservible.
Existen ejemplos sepulcrales en donde la propia entrada se aleja de la dirección del sol, por lo que el espacio de tiempo útil para decorar sus paredes se reduce sobremanera. Si a todo ello añadimos que, como en la tumba de Seti I, descubierta por Giovanni Battista Belzoni en 1817, la longitud de sus galerías supera los 100 metros de profundidad, con sus desniveles, pozos y esquinas, resulta jocoso afirmar que las exquisitas pinturas que forman el famoso zodíaco de la cámara sepulcral se realizaron iluminándose con espejos. En unas galerías tan largas como las que encontramos en esta tumba, algunas alcanzan los 15 metros, es imposible atinar constantemente con la orientación correcta de los espejos.
Por otra parte, el pintor que empleara este método nunca tendría una visión de conjunto de su obra, ya que los espejos únicamente podrían iluminar pequeñas porciones de la pared. Por mucho que se ayudara de la cuadrícula para traspasar un boceto a la pared, las desproporciones y las correcciones serían continuas. Y, sin embargo, el resultado que nos ha legado el arte egipcio con la grandiosidad de sus escenas parietales denota, al menos, una gran visión de la obra en todo su conjunto

El origen del fuego

16000 AD.

Según investigaciones y restos arqueológicos encontrados nos indican que la especie humana homo erectus conocía el fuego desde hace 1.600.000 años.
Las evidencias nos confirman que el fuego se hizo de manera intencionada y se sabe que el primer método fue el frotamiento de un palo con madera seca.
Nos hemos encontrado también con informes que nos dicen que gracias a un rayo que cayó en un árbol el hombre se dio cuenta de la existencia del fuego.